Amor de humo

Estuve al menos una vez en todas partes. 
Como el humo que recorre todos los dormitorios después de las 12. 
Como el humo, de cigarro sucio. Que lastima y llena tus pulmones y cabeza de ideas. 
De idas y vueltas. 
Humo que se aloja en tu hipotálamo para la ilusión del placer. 
Que causa el dolor inextirpable del consumo inmediato. 
El fuego lo quema todo. 
La pasión momentánea y el deseo de una noche. 
El humo que se disipa en los rincones, pero que antes te llevo hasta las nubes. 
Para que tanto viaje mi vida. 
Ideas. 
El cigarro sigue siendo la mejor analogía.
Verlo entre tus dedos una vez me estremeció hasta el último hueso, lo respire como si fuera el más fino perfume, el aire más puro. 
Solo porque recorría tu boca. 
Quería ser humo, mi amor. 
Mi amor, quería ser humo. 
Lo logró. Recorrió tu cuerpo y en tus manos se desvaneció. 
Curiosa casualidad que fue al mismo tiempo. Que el cigarro sucio que soy fue desapareciendo. 
Ahora es momento de cambiar, evitar la inhalación. 
Entre tanta incertidumbre me cuesta respirar, el humo ya no me gusta. 
En lugar de estremecerme, náuseas. 
Se me cierran los pulmones para evitar recordar. 
Para evitar recordar cómo una vez me perdía y disipaba de tu boca a las nubes.

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