Nunca me quede

Me quedé impávida, 
mientras dilatabas el tiempo 
detallándolo todo,
contaste cada grano de arena como si de besos se trataran.

No sabía que decirte, no dije nada.
Mientras me secaba al lado de la cama te apresuraste a escribir 
cómo eran nuestros cuerpos, nuestra danza.

Me quedé impávida, que más iba a hacer además de presenciar cómo te hundías en tu erotismo.
Qué más iba a hacer a la mañana siguiente, 
más que levantarme e irme para no volver.

Esa noche no podía interrumpirte, hacerlo implicaba distraerte, ultrajar tu fantasía. 
Volverte a la realidad.
Tus historias siempre fueron mejores, 
el ritmo de tu poesía no se podía igualar.

Pero hay algo que es inevitable, lo que viene después de tu punto final.

Nunca me quede a presenciarlo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Te idealice perfecto

13 meses

La naturaleza