Política de odio


La política del odio se determina por el miedo.
El odio por costumbre, cultura que nos moldea y nos enseña primero a dudar.
Le sigue la desconfianza, por que la duda nunca viene sola, desconfianza de quienes son ellos y quienes somos nosotros.
Ellos en frente nuestro.
Nosotros frente a ellos.
Lo que uno quiere ser.
Lo que es el resto, el otro, ellos.
El odio llega por el miedo a no poder ser lo que uno desea.
La fábrica de utilería imaginaria.
El miedo a no lograr, no me malinterprete, los logros nunca son suficientes.
El miedo a no estar satisfecho. El odio del tiempo. La envidia de los relojes.
La política del odio se impone en esta guerra de deseos temerosos, nerviosismo e impaciencia.
Se impone como muro y se dedica, religiosamente, a desgastarte y jugar. Jugar hasta agotar la paciencia. Desgastando la fe de lograr vencer a la costumbre.   

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